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domingo, 20 de enero de 2013

De Quilmes a Rio Gallego

El recibimiento en Quilmes por parte de Manu, un chico argentino que reside en Conil y que se encuentra de vacaciones en su tierra, fue maravilloso. Sus amigos se acercaron a su casa para conocer al "Gallego" (así llaman a los españoles) de la moto. Les contaba mi aventura mientras sentía que ya llegaba el final de la misma. Recordé sonrisas de diferentes rasgos, culturas y mentalidades. Momentos duros y divertidos erizaban mi piel mientras narraba mi historia. Creo que a nadie le salían las cuentas y el desenlace se convertía en una sonrisa y un "loco gallego". Hicimos cenas multitudinarias con buen asado y recibí tanto cariño que casi me tienen que echar con agua caliente.

MANU, EL ARGENTINO CONILEÑO

Fernando, un amigo de Manu, me dijo que me regalaba un tanque de gasolina en su estación. Al llegar allí, me invitó a comer, me llenó el tanque y me dijo que quería patrocinarme en este final del viaje, sin tener en cuenta que ya estaba a punto de terminar. Ayudar a cumplir este reto es lo único que quería.

FERNANDO EN SU GASOLINERA

Salí de allí con dirección a Bahía Blanca donde me esperaba Angel. Angel desde que salí de Alaska ya me estaba diciendo por Facebook que si pasaba por allí, podía quedarme en su casa. El encuentro lo hicimos en la estación de autobuses donde trabaja. Quería llevarme a la casa a dormir mientras el trabajaba de noche, hasta las seis de la mañana pero preferí quedarme allí con él y charlando hasta que terminara la jornada en aquel restaurante cafetería. Un tipo genial y buenazo. Se preocupó en todo momento que estuviese a gusto y se extraño que no quisiera ir a dormir. Si alguien quiere conocerte que menos que conversar y si la situación era aquella, pues uno se adapta y ya está, no sólo iba a usar su casa y marcharme al otro día.

NUESTRO AMIGO ÁNGEL

Salí muy tarde, sobre las 4 de la tarde y después de comer y Angel me dijo que había sido un orgullo para él, que este loco gallego hubiese dormido en su casa. Cuando me puse el casco y marché dejé riendas suelta a mis sentimiento y es que tanto cariño, se me escapa de las manos y más teniendo en cuenta que me encuentro en otro continente a miles de kilómetros del mío.

El día era caluroso pero se tornó frío y lluvioso. La noche me alcanzó y pude ver como la carretera me dirigía a una tormenta fría. La naturaleza jugaba con el mechero frente a mí. En unos kilómetros, ya estaba dentro de ella. Me a llovido mucho en este viaje, pero los relámpagos que vi eran nuevos para mí. Iluminaban un paisaje llano. El cielo me enseño sus venas azul electrico y amenazaba con golpearme. Uno de esos rayos cayó demasiado cerca mientras el agua y el viento jugaban conmigo como un niño pequeño que sostiene una pelota. Los camiones pasaban provocando el estornudo de un gigante en mi cara. Yo, el ruido del motor y el viento bailamos durante más de una hora, donde el asfalto lucía un rail creado por el paso de esos gigantes de la carretera.

LA TORMENTA PERFECTA

La tormenta pasó y muy cansado llegué a una gasolinera. Hacía frío y estaba empapado. Allí mismo monté la tienda y me fui a dormir. Eran casi las 6 de la mañana.

A la mañana siguiente continué mi ruta y temiendo el viento de la Patagonia. Afortunadamente.... no llegó. Una carretera monótona y aburrida es la 3. Ya por la noche llegué a una gasolinera. Me senté a comer algo y vi como dos tipos llegaron en sus motos. Me dirigí a ello y me dijeron que venían de Usuahia. Argentinos los dos. Me dijeron que era precioso. Finalmente cenamos juntos y compartimos experiencias en moto. Finalmente nos fuimos a buscar un lugar para dormir que encontramos al segundo intento. Compartimos gastos y la noche salió barata y era merecida. Esta es la magia de viajar en moto... cuando te das cuenta, estás durmiendo con desconocidos compartiendo el mismo techo.

Compañeros de la noche
Me informaron que me encontraba a unos 800 km de Usuahia, cuando yo pensaba que eran unos 450. Tanta fue la ansiedad por salir y llegar que no puse gasolina a la moto, también pensando que tendría para llegar a la siguiente gasolinera, ya que cada 150 km me iba encontrando una... pero al igual que creía que quedaban 450... la gasolinera no llegó y me quedé tirado. Quedarte tirado en una carretera sin gasolina es una pamplina después de lo del salar. Me senté en el suelo y esperé que alguien me ayudase. Rápidamente paró un coche y me dijo que mandaría a alguien con gasolina. Minutos después pude ver una moto, no en la dirección por donde debía llegar la nafta y esta paró. Era una chica y viajaba sola y con una historia detrás que dejaba a cualquiera con la boca abierta. Llevaba 3 años viajando por todo el mundo con una Ktm y terminaba su viaja en Usuahia. Sin bajarse de la moto ni quitarse el casco, hablamos un buen rato. Había pasado por España y pensé que me iba a decir que estuvo en Madrid o Barcelona como muchos que me dicen que han pasado por allí... pero me dijo que había pasado por toda España. La australiana se fue y me dijo que mandaría a alguien con gasolina. Otro chico y su novia, pararon con su moto y tenían gasolina para darme. Pusimos un litro y en ese momento llegó un brasileño con una BMW súper equipada y me dio 5 litros mandados por la australiana. Entre una cosa y otra, estuve allí una hora y media.

Chico que me dio gasolina

La moto ya venía fallando un poco en alta desde hacía varios días. Pensé que podía ser la bujía y cuando llegué a la estación de servicios decidí desmontar la moto para acceder a la bujía, pero el problema es que yo no tengo llave para sacarla. Con el asiento desmontado, el depósito por otro lado anduve preguntando a ver quien tenía una llave. Apareció un tipo con una BMW 1200 y le pregunté, aunque no tenía pinta de viajero, parecía y era local. Me dio una llave pero no valía, luego fue a su casa pero tampoco servían las que trajo. Finalmente monté la moto y fuimos a un taller. Me invito a dormir en su casa y aquí estoy en su casa durmiendo y es que a mi, la moto siempre se me jode en fin de semana.

Una cosa curiosa. Hace unos días conocí a un camionero que alucinaba con mi viaje. Me invitó a cenar un sándwich. Al otro día me lo encontré casualmente en otra gasolinera y me volvió a invitar a comer. El día que estaba en la gasolinera con la moto desmontada apareció de nuevo... "¿No me estarás siguiendo, no?" Y le dije... Que va... Que tenía hambre y me he parado aquí hasta que llegarás. Se moría de risa.

EL CAMIONERO EN 2 DE LAS 3 GASOLINERAS

EN CASA DE FEDE Y SU AMIGO MAURICIO

El capítulo 2 de infierno blanco lo pondré cuando al Ipad le salga de los cojones. (perdòn)



 

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