Llegué de mi vuelta al mundo a la capital de España. Concretamente a casa de mi amigo Paco, que amigablemente siempre me recibe en su hogar cuando tengo que estar en Madrid por lo que sea. Recuerdo que iba a un supermercado cercano para comprar unas cosas o quizás porque el aburrimiento te pide consumir. De camino al consumismo pasé por un establecimiento con una cristalera. Me llamó la atención por anuncios de conciertos de Rock ´n Roll en alguna sala de Madrid, una pegatina de la Ruta 66 y fotos de motos. Justo dos días antes andaba yo por dicha ruta. La curiosidad me hizo mirar dentro del establecimiento. Había música, buena música de los años 50 a un generoso volumen para ser una peluquería como me había chivado el cartel. Evitando el reflejo hice un cuenco con mis manos para intentar ver que coño había dentro. Un tipo de mi altura, con una camisa extraña para mí, grandes y expresivos ojos, poco pelo pero bien peinado me invitaba a que pasara con unas tijeras y un peine en sus manos. Entré en aquella peluquería de caballeros y una energía creada por la decoración y aquel tocadiscos que se negaba a ser remplazado demostrando su valía, descifrando aquel vinilo de Bill Haley con su aguja. Reconozco que me trasladé a otra época. Un enorme cuadro en blanco y negro al fondo a la derecha de motoristas, una maleta con vinilos, cartas, un mini cochecito Hot Road para pelar a los pequeños clientes y simplemente para que dejaran al padre tranquilo. Fotos y revistas de motos clásicas inundaban el local.
Sonriente, aquel tipo me recibió... ¿Que tal? Pasa hombre pasa, no te quedes fuera... Ya os digo... la música y el entorno casi me hace bailar.... Nada, pues que he visto todas las cosas de motos que tienes y esa foto de la ruta 66 y he estado ahí hace unos días y se me han venido muchísimas cosas a la cabeza... le dije sin poder dejar de mirar a cada rincón de aquella peluquería de caballeros. Aquél tipo continuó ejerciendo su artística profesión peinando un tupé pero sin dejar de hablarme mientras conversábamos a través del espejo donde los clientes quedaban satisfechos al ver como sus tupés lucían la perfección.... ¿Y es que has estado allí de vacaciones?... la verdad es que acabo de dar la vuelta al mundo en moto, estoy esperando que llegue a Vigo para ir por ella, pero parece que se retrasará.... ¿La vuelta al mundo en moto? ¡Se ha dado la vuelta al mundo en moto!... Le dijo sorprendido al cliente que seguramente, también se había enterado, pero su rostro de alucinación le hizo repetirlo al dueño del tupé. Yo me reía, porque aquel hombre parece que se alegro de tener delante a un tipo que curioseaba por su escaparate y compartía una pasión con él y eran esas dos ruedas con un motor en medio. El tupé ya estaba casi listo pronto terminó con el satisfecho cliente que se miraba de reojo en el espejo con un ojo y luego con otro mientras la mueca de su boca expresaba su aprobación. Aquel tipo, estoy seguro que iba con una idea diferente de peinado o corte, pero Maxi, que así se llamaba el artista, te pelaba como el creía que te convenía, no como tu querías pelarte.
Terminó, y directamente se fue a un álbum de fotos que tenía en una vitrina en la cual también descansaba una guitarra. Estuvimos un rato viendo fotos de sus viajes. Motos de antaño y un Maxi con pelos. Su Vespa y modelos de vespas para viajar en otro catálogo. Sobre una hora, aquel artista de la tijera dedicó su tiempo, al curioso del escaparate que contaba sus batallas por el mundo a mandos de una moto. Cada vez que entraba alguien en la peluquería, le decía... ¡Mira, este chico acaba de dar la vuelta al mundo! Fui a despedirme, ya era tarde, no había clientes y finalmente no necesité consumismo. Me dijo que mientras estuviese en la capital, cualquier cosa que necesitara, sólo tenía que comunicárselo, que tenía muchos amigos para echar un cable en lo que estimase.
Aquel tipo me cayó tan bien que lo único que podía ofrecerle era el último billete de un dólar que tenía de recuerdo por mi periplo americano y parte de la ruta 66.... Toma, es para ti, este billete tiene que estar aquí en tu local.... No!! No puedo aceptarlo... Claro que puedes... pues con una condición, me lo tienes que firmar Bufálo. Era el primer autógrafo después de la vuelta al mundo. Se lo firmé y lo plantó en aquel cristal que fue testigo de nuestro encuentro.
Fueron varias las veces que fui a Madrid para hacer cosas. Siempre iba a casa de Paco y de allí, mientras Paco trabajaba yo me iba a casa de Maxi. Paco se reía... ¿Donde vas?... a casa de Maxi... le respondía.... Joder parece que lo conoces de toda la vida... y es que Maxi tenía un corazón y una aptitud tan enorme que te sentías en casa. A veces le barría los pelos de un cliente, me acercaba por cerveza o lo que estimase. No soy de Madrid y cuando iba, los momentos con Maxi y esas conversaciones se volvieron esenciales en Madrid y siempre, siempre, menos una vez que fuimos al bar de la esquina, en su magnífica peluquería donde me olvidaba que estaba en una gigantesca ciudad y que la playa a demasiados kilómetros.
Cuando todos buscan megapixeles, el tenía fotos de familia con la máquina de Cristo. Cuando todos se bajan la música, el buscaba los vinilos en tiendas que si no fueran por personas como él, tendrían una fecha de caducidad más cercana.
En mi última visita le dije que se me había ocurrido una disparatada idea. Con 6.000 Euros, volar a Alaska, comprar una moto, la que fuese y hacer la Panamericana completa. Le gustó la idea e incluso creo que le pareció fácil. Jamás olvidaré sus palabras... "Confío en ti, eres un valor seguro" .... Joder Maxi... son más de 25.800 Kilómetros... miró al aire y se reafirmó... "Lo haces, no tengo la menor duda" y continuó pelando... "Bárreme esos pelos por favor" y mientras yo pelaba el decía... claro que lo haces, otro no sé, pero tú si lo haces, ¿No hiciste la vuelta al mundo en 37 días rodados? Tú si lo haces... sin dejar de perfeccionar la obra que tenía entre manos. Yo lo miraba y veía su convencimiento en su rostro mientras Bill Halley se desgañitaba cantando a través del pincha discos y del tiempo. De nuevo me trasladé al blanco y negro o sepia de la época mientras barría los retales que el artista había desechado. De pronto me miró al cuello, algo no iba bien. Despachó al cliente y me dijo... siéntate aquí. ¿Para?... le respondí sorprendido ya que mi pelo estaba bastante corto... No puedes ir con ese cuello así, siéntate no puedes ir con el cuello mono ese. Me reí y accedí.
Ahora mi perspectiva era de cliente. Yo me reía. ¿De que te ríes?... a lo que le contesté sonriente... Si tienes cojones de sacar un tupé de aquí, te hago un monumento.... Se reía... nos reíamos mucho joder. Yo admiraba su trabajo y el admiraba mi viaje anterior y mi proyecto. Creo que sentíamos un respeto mutuo el uno por el otro y lo pasábamos bien juntos.
El cuello de mono dejó de serlo y mientras apuntaba con sus tijeras, sus armas como él decía, como Karate Kid a la mosca, iba cortando pequeños pelos rebeldes que según él, no debían estar allí, y como su peluquería, el secreto estaba en los detalles. Recuerdo un día que fui al baño, que el portapapeles era especial y tuve que hacerle una foto, una pena que recientemente perdí el teléfono y no sé que era, pero era pa morirse.
Una vez más, vuelta a Cádiz y una despedida más a Maxi al bajar de la casa de Paco. "Mucha suerte en tu viaje Búfalo y a la vuelta nos cuentas como te ha ido. Un placer recibirte siempre" Gracias Maxi... y marché tirando de aquella maleta mientras la música se aflojaba a medida que mis pasos avanzaban por aquel barrio obrero de Madrid.
El día 30 llegué a Coroico, Bolivia, después de desafiar a la muerte en la considerada la carretera más peligrosa del mundo. No estaba en la ruta ni en mis planes realizar esta loca travesía donde la calzada de barro en ocasiones mide 3 metros de ancho con un una caída al vacío de unos mil metros. Donde un fallo te manda al estado opuesto de la vida. ¿Por qué he venido? Quiero contar historias a los míos. Quiero sentir y tren que pasa, tren que no vuelve. Quizás era una de esas historias que tenía preparada para Maxi mientras barría algún pelo. Como he dicho antes, he llegado a este pueblo y he encontrado un lugar con internet medio aceptable y sobre todo muy barato. Llegué cansado de esos 100 kilómetros infernales, conecté el ordenador y abrí el correo después de mucho tiempo. "Malas noticias: Soy Daniel, el hermano de Máximo, siento comunicarte que mi hermano ha fallecido en un accidente de moto el día 28" ¿Máximo? Quién coño es Máximo con un hermano que se llama Daniel. He conocido muchas personas y un solo Máximo que es de mi pueblo, pero... ¿Daniel? No tenía ni idea. Llamé a España, nadie sabía decirme nada. Esa noche sólo quise que se tratara de una broma de mal gusto por los santos inocentes. Le reenvié un mensaje rogando datos a este Daniel sobre Máximo. Al otro día recibí la respuesta y un número de teléfono "Maxi y aquel maravilloso video de la peluquería" No me lo podía creer y aún no me lo creo. Se me encogió el pecho como solo la pena puede provocarlo.
Bill Haley comenzó a sonar mientras aquél tipo de de ojos grandes y expresivos me invitaba a que entrara en su local. "Lo conseguirás, eres un valor seguro" El viento dejó de soplar y observé a través de unas gafas con la humedad que dan unas lágrimas calientes, que los arboles dejaron de danzar. Me senté en uno de los bancos que miran a la montaña mientras intentaba aceptar tal ruin y asquerosa noticia.
Te voy a echar muchísimo de menos Maxi cada vez que vaya a casa de mi amigo Paco en la capital. Cada viaje al supermercado será una pena y dos cervezas menos en la bolsa, en una de esas bolsas que me dabas tú para cuidar el medio ambienten y no gastar tontamente en bolsas teniéndolas tú en la peluquería. Has dejado un gran vacío en muchísimas almas que durante un tiempo andaremos muertas. Le hablaba a mi madre de ti mientras le enseñaba el video que grabamos juntos de tu negocio. "Que gracioso el muchacho" te dice. Hablamos de dios y te dije lo que opinaba... en estos momentos son en los que me gustaría creer, pero no es así. Si hay algún sitio abierto por ahí, son afortunados porque ahora tienen al mejor peluquero del mundo. Jamás te olvidaré y lo que te dije si algo me ocurría en esta aventura... lo bueno es que me recordarán joven. Para mí, como el Rey, no estás muerto, porque si hay alguien que te recuerde uno no perece.
Jamás te olvidaré... "El tipo de la vuelta al mundo"
Mi más sentido pésame a familiares y todos esos amigos a los que Maxi con su simpatía, como a mí, os hizo feliz.
Fotos de sus amigos en Facebook













































